Seguramente no te vengan mal estos consejos para meditar en el trabajo ¿No te ha pasado más de una vez que estás en el trabajo y de pronto tu mente se vuelve convulsa, se te atropellan los pensamientos y parece que vas a desfallecer? O tal vez quieras gritar o te falte el aire, o a veces se te olvida lo que ibas a hacer…

Tranquilízate que con estos sencillos consejos podrás salir adelante sin que nada grave ocurra.

Siempre nos han contado que busquemos unos minutos al día para sentarnos a meditar, en ocasiones no es factible por el ritmo de vida que llevamos, a veces incluso nosotros/as mismos/as interponemos excusas para evitar ese preciado momento de sentarse a sentirse. Esto es debido a que hemos entrado en una inercia tan veloz que nos cuesta trabajo parar de golpe. Es por eso, que a veces, necesitamos otras técnicas más directas que nos ayuden a solventar nuestra situación de manera más efectiva o urgente. Es por ello, que intentamos introducir la meditación en el marco de nuestras actividades diarias.

CONSEJOS PARA MEDITAR EN EL TRABAJO

Solo hay que aplicar dos normas, tómatelo como consejos:

  1. Ser conscientes de que tenemos un cuerpo: para ello, si estás en una silla trabajando, pon recta la columna vertebral sin apoyarla en el respaldo, pon las manos relajadas sobre tus piernas o sobre la mesa de trabajo, apoya las plantas de los pies íntegramente, deja de fijar la vista en el ordenador o en tus papeles entrecerrando los ojos, lo que da a la vez una mirada centrada en el interior y en el exterior.
  2. Ser conscientes de nuestra respiración, es la clave para que esto realmente funcione. Respira, respira y respira, cuanto más baja sea tu respiración mucho mejor, es decir, llévala al abdomen e intenta alargar cada una de las fases respiratorias.

Date cuenta de esto, que la mayor parte del tiempo no somos conscientes de que respiramos, nuestra respiración es automática y si hemos adquirido hábitos pobres, nuestra respiración será pobre. Es decir, si nos hemos acostumbrado a respirar de manera rápida, el aire se queda en la parte alta de los pulmones, eso supone un déficit de oxigenación, por lo que estamos subsistiendo. De lo que ahora se trata es de invertir el proceso.

Es por ello que hay que pasar a un modo de respiración más profunda, lenta, larga cuyo fin como decía es el abdomen, debajo del ombligo.

Esta respiración es la mejor que hay para canalizar todo nuestro universo mental, creando espacio entre pensamiento y pensamiento. Puedes leer también nuestro artículo sobre “Espacio Mental:el secreto de la verdadera felicidad ” ;para que veas la importancia que ocupa y lo necesario que es para gestionarnos y poder alcanzar el estado de felicidad.

La respiración consciente se confunde en efecto con la misma conciencia: cuando respiramos así nos situamos en un estado de “atención lúcida”, cuando salimos de esta toma de conciencia sobre nuestro respirar, regresa el bullicio y el ruido mental. Al regresar a la respiración salimos de nuevo del torbellino mental para observarlo como si estuviera separado de nosotros/as, y volvemos a sentir los pies en la tierra como decimos de manera popular. De esta forma nos adueñamos de nuestro cuerpo y de nuestra respiración que nos da la posibilidad de mirar el raudal de imágenes como si fuera una película, que ni siquiera queremos parar pero tampoco entretenernos con ella.

Esto puedes hacerlo en cualquier sitio, te aconsejo además que lo hagas cuando estés en el bus o en el metro, y verás qué divertido, es la sensación de estar fuera de todo, solo dentro de ti, y es maravilloso ver esta parte de la realidad.

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¡Esto es todo, tan sencillo! Esta es la base de la meditación, aprender a tomar consciencia respirando y sentirte dentro de ti, así que dejo que interiorices estos sencillos consejos y como dijo Buda: “cuando inspiro, sé que inspiro. Cuando expiro, sé que expiro”.

Y tú ¿cómo respiras?

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